
Dejamé que te cuente un cuento
el que me hacía dormír entre tus patas con las garras escondidas
y me hacía creer en los sueños.
Dejamé que te cuente un cuento,
el que me hacía dormir entre tus orejas peludas
y me hacía creer que existe un paraíso en este infierno.
El que me hacía dormir escuchando tu ronroneo
y me hacía creer que existe ternura y respeto.
Y ahora cuéntame tú un cuento
dime que la humanidad no ha muerto.